Cátedra TSLS

Solsona Ledesma

 
 

Es posible tender una mano al enemigo más brutal, es posible resistir con la fuerza del espíritu a la opresión más monstruosa. Es posible, ante la más terrible de las adversidades, mantener la integridad y la esperanza.

Nelson Mandela demostró con su vida que lo aparentemente imposible es posible, iluminando un camino válido no sólo para sus conciudadanos sino para todos los seres humanos en cualquier rincón del planeta.

El espíritu de Nelson Mandela no se quebró a pesar de sus 27 años en prisión. Luego de ser liberado visitó con un mensaje conciliador a la viuda del arquitecto del sistema de segregación racial en Sudáfrica, el mismo sistema que había oprimido despiadadamente durante décadas a la mayoría negra, obligándola a vivir en zonas designadas y prohibiéndole votar.

El mismo sistema que lo encarceló y lo hizo picar piedra cada mañana encadenado, dañando en forma irreversible sus pulmones y su vista. El mismo sistema que había asesinado brutalmente a líderes de la lucha por la libertad como Steve Biko o que disparó contra niños en la masacre de Soweto.

Cuando el gobierno blanco le ofreció liberarlo sólo bajo ciertas condiciones, Mandela, quien ya llevaba dos décadas en la cárcel, prefirió permanecer en su celda antes que renunciar a su lucha, porque "mi libertad no puede separarse de la de todos los demás".

Con un carácter moral forjado en las más duras de las circunstancias, Mandela supo encarnar con sus acciones ideales de libertad y justicia y tener la grandeza de alma de acercarse a quienes habían martirizado a la mayoría negra, eligiendo el perdón por encima del odio y construyendo puentes hacia enemigos, a veces con su característico sentido del humor y siempre con dignidad.

El ex-mandatario fue por ello no sólo el estadista que supo llevar a su país por la cuerda floja de la reconciliación tras las atrocidades del apartheid. La figura de Nelson Mandela también pertenece al mundo

Madiba